LA AVENTURA DE LA SÍFILIS
Los viajes siempre significan nuevas aventuras y esto incluye también a las enfermedades. En efecto, muchas veces uno puede viajar y, sin saberlo, ser portador de alguna enfermedad o virus propio de determinada región, y ojo que esto vale en ambos sentidos del viaje, tanto de ida como de vuelta. Es decir, yo puedo llevar un virus que sólo se encuentre en España hasta otro país, ubicado en un continente con características distintas y también cabe la posibilidad de viajar sano y regresar de otro continente con un virus propio de esa región. Por ejemplo, ayer escuché que un nuevo estudio ha corroborado la teoría colombina del origen de la sífilis. Así es, hablamos de una de las enfermedades venéreas más temidas de la Edad Media y que diezmó gran parte de la población europea por aquellos tiempos. Paralelamente a esta teoría discurrían otras teorías que señalaban que el origen de la sífilis era tan antiguo como la civilización misma puesto que se habían encontrado restos humanos correspondientes al período neolítico que mostraban señales óseas de esta enfermedad. Sin embargo, al parecer, Cristóbal Colón y compañía se llevaron la sífilis a su regreso a Europa y todo hace indicar el origen indo americano de la enfermedad.
Incluso ya se señala al primer culpable, Martín Alonso Pinzón, de haber fungido como transportador de la primera sepa del virus. No es difícil imaginar que estos viajeros vieron en las indias un paraíso sin leyes y dieron rienda suelta a sus bajos instintos en condiciones perfectamente antihigiénicas. Se impuso el instinto de conservación de la especie y muchas nativas fueron sometidas por los conquistadores que se sintieron con todos los derechos de propiedad. De una u otra forma, era un riesgo para la salud y sucedió lo que sucedió y no creo que sea casualidad que tan sólo tres años después del descubrimiento de América, se haya desatado la gran epidemia de sífilis en el continente europeo. Esto también podría incluirse en los elementos que forman parte del fenómeno que la sociología distingue como transculturización y en que dos culturas intercambian “conocimientos”. En este caso intercambiaron algo más que recursos propios de la región y algunas enfermedades fueron transportadas durante los viajes de ida y vuelta que se hicieron. Pero es lógico y consecuente que esto sucediera pues en la antigüedad las normas de salubridad brillaban por su ausencia y ni qué decir de los viajes, ni siquiera se tomaba en cuenta este punto. Diferente es ahora. Por ejemplo recuerdo que en una ocasión tuve que viajar al continente americano, más específicamente al Brasil y entre todos los papeleos típicos que preceden a un viaje, se me solicitó la constancia de una vacuna. En efecto, uno de los requisitos para viajar al Brasil era vacunarse contra la fiebre amarilla. Al parecer esta enfermedad es endémica en la región amazónica y se toman las provisiones para que dichas cepas no se trasladen a otro continente, lo que podría traducirse en su mutación y probablemente una falta de control ante el nuevo entorno de la enfermedad. Es más, creo que otras dos vacunas me fueron solicitadas pero la que más recuerdo es la correspondiente a la fiebre amarilla pues es una aplicación intramuscular bastante dolorosa, recuerdo que el hombro derecho me dolió durante varios días y no pude disfrutar a cabalidad de mis paseos por Sao Paolo y Río de Janeiro.
Era comienzos de la década del 90 y Brasil resultaba un país bastante atractivo para visitar, no sólo por sus hermosos escenarios naturales sino por las actividades que allí se desarrollaron. Recordemos que los llamados deportes de aventura apenas y se estaban empezando a difundir y la globalización aún estaba en ciernes. Pero ya en las playas de Río de Janeiro se podía practicar deportes como el Parapente o el Puenting, que consistía en lanzarse desde un puente solo con una cuerda sujeta a un arnés de seguridad en el pecho. La primera vez que vi esta práctica, fue en un programa de la serie Ripley, Aunque Usted No Lo Crea, y era practicado por una tribu africana que se ataba la cuerda al tobillo solamente. No quiero ni imaginar los tirones que sufrían esos muslos en la zona de inserción en la cadera luego del movimiento de tirabuzón que efectuaban en la parte más baja del recorrido de la cuerda. Pero el principal atractivo de esa época fue el segundo festival de los llamados Rock in Río que increíblemente este año se trasladarán hasta nuestro país. Definitivamente ahora asistiré en perfectas condiciones pues aquella vez no pude alzar el brazo en donde me habían puesto la vacuna.

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