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EXTRAÑA PAREJA ITALIANA

ilona @ 18:44

Cuando uno tiene la oportunidad de viajar, generalmente es para conocer de cerca lugares históricos o escenarios donde antiguamente se desarrollaron batallas que cambiaron el curso de la historia. Por ejemplo si se viaja a Francia, uno obligadamente debe visitar La Bastilla, epicentro de La Revolución Francesa. Si uno viaja a Italia, sería una locura no darse una vuelta por el Coliseo Romano o si uno pisa el mítico continente Africano, no puede dejar de visitar las Pirámides de Egipto, en fin, cada lugar tiene su propia historia y su propia mística, pero hay ocasiones en que un viaje se recuerda más por algún hecho o sucesión de hechos que quedan registrados en nuestra memoria. Me refiero a hechos actuales que transcurren ajenos a nosotros y que nos permiten observar ciertos comportamientos de algunas personas. En mi caso, debo comenzar diciendo que viajé a Italia hace un par de meses y tuve la oportunidad de conocer varios lugares, entre ellos el Coliseo Romano por cierto. Además cumplí mi sueño de niño y vi de cerca la Torre de Pisa. Recuerdo que de niño disfrutaba mucho con la escena de la película que llevara a la fama al finado actor Christopher Reeve, Superman. En aquel film, en una de las escenas, el superhéroe se encarga de enderezar la torre de Pisa junto con otras diabluras al ser víctima de una extraña fuerza que lo hace actuar así, como la antítesis de sí mismo. Lo gracioso era que, para coronar la escena, se veía un artesano en las inmediaciones que se vio obligado a rehacer todas las réplicas en miniatura que había estado fabricando para la venta a los turistas. El director logra un efecto en el espectador cuando al final de la película, Superman se encarga de enmendar todas las travesuras que había hecho y el artesano vuelve a aparecer, esta vez acompañado de decenas de réplicas de la Torre de Pisa pero enderezada en una vertical perfecta. Pues Superman vuelve a dejar el histórico monumento como siempre estuvo, con su archiconocida inclinación y el artesano, desconsolado, termina por botar su propio estante de estatuillas.

No puede resistir la tentación de traer a la actualidad este grato recuerdo de niñez pero ahora si quisiera entrar de lleno en el motivo de este post. Como dije, viaje a Italia y el viaje estaba programado para una duración de poco más de un mes ya que tenía la facilidad de quedarme en casa de unos amigos. Siendo así, decidí no alterar mucho mi rutina diaria de ejercicios y me matriculé en un gimnasio de la localidad donde pasaría la mayoría de días. Fueron mis propios amigos los que me recomendaron este centro deportivo sin siquiera pertenecer ellos al grupo de miembros. Sin embargo, las referencias eran de las mejores y decidí ir a investigar. El gimnasio en cuestión quedaba en un segundo piso y se abría paso sobre el fondo del terreno, la maquinaria era de última generación y el ambiente estaba muy bien distribuido, los camerinos estaban impecables al igual que las duchas. Con este primer vistazo, únicamente restaba averiguar el costo de la membresía por un mes. Como todo gimnasio, los costos se elevaban a menor tiempo de inscripción y se abarataban a mayor tiempo de la misma. En mi caso, no había alternativa y sólo haría uso de las instalaciones por un mes. Afortunadamente tuve la deferencia y la comprensión de una de las chicas encargadas de las ventas y por ser turista, me hicieron un precio especial. Todo estaba dicho y ese mismo día arranqué con mi rutina tradicional sin ayuda de instructores. Al poco de haber comenzado con mis ejercicios de estiramiento, vi que una pareja llegó al gimnasio. Se notaba que ambos hacían ejercicios regularmente, ella guardaba una figura muy esbelta y a la vez despachada y él era un mastodonte. En esos momentos no pensé que ambos serían objeto de estudio.

Con el correr de ese día y de los siguientes, noté que el tipo tenía una fijación con aquella mujer y prácticamente no la dejaba respirar. Cuando ella se iba al otro extremo de la sala del gimnasio en busca de alguna máquina, él cambiaba inmediatamente lo que estaba haciendo para escoltarla y quedarse cerca a la zona. Y si por algún motivo, algún chico le dirigía la palabra a su pareja, inmediatamente se acercaba a menos de dos metros para vigilar de cerca la situación. Además de estas escenas, los vi discutir en más de una ocasión y retirarse con su rutina de ejercicios a medio terminar. Era una relación bastante tortuosa y sabe Dios lo que sucedería en aquella casa. Pero el mayor misterio era cómo podían conservar aquellos cuerpos con tantos días de entrenamiento truncados y tantas desconcentraciones. Al parecer la relación recién había comenzado y prometía terminar muy pronto.

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