Febril Zaragoza en el recuerdo
Y es que por el mundo ando regando amigos como recuerdos legados por cada viaje. Los amigos son importantes, siempre lo he pensado y en cada aventura he sabido hacerme de unos cuantos, siempre. Hace unos días traje a la memoria a una de las más entrañables cómplices de huida, Alejandra, la referencia era a unos años atrás y sin esperarlo me la volví a encontrar hace unos días. Una sorpresa. Fue en Zaragoza y aunque sólo la vi unos días, bastó para justificar mis ganas locas de dejarlo todo y seguirla en su travesía. Viajar con ella por toda España se me hizo apremiante.
Viajé de visita a una tía que andaba un poco enferma y porque Zaragoza es una de las ciudades que más disfruto visitar. La capital del Reino de Aragón y ciudad del Valle del Ebro tiene un clima mediterráneo por lo que sus tierras tienden a ser áridas y el calor a veces sofocante, esta ubicada a unos 200 metros sobre el nivel del mar y es conocida como la “ciudad de las cuatro culturas” por la influencia cultural dejada por sus antiguos moradores: iberos, musulmanes, judíos y cristianos, todo eso agregado a las distintas etapas artísticas de Aragón la hacen una ciudad más que deliciosa para visitar.
A Alejandra me la encontré a la salida del museo del Puerto Fluvial, uno de los museos más interesantes cuando se quiere conocer la influencia romana sobre Aragón, a diferencia de la última vez fui yo quien la reconoció de inmediato, andaba ella saliendo a punto de tomar el taxi cuando sin pensarlo la tomé del brazo, sorprendida me reconoció y nos abrazamos. Llevaba afiches de agencias de viaje y promociones. Estaba preciosa, llena de vida y no dejaba de regalarme sonrisas, después de todo así era ella, vivía para viajar y sonreír. Vivía para la vida.
Cuando la conocí en Perú no tarde en quedar atónito con su efervescente ritmo, todo el tiempo se la pasaba planeando sus viajes, tenia estudios de historia del Arte y soñaba con visitar España, eso ya lo conté, ese día al vernos me arrastró al taxi rumbo a las torres de las iglesias gótico-mudéjares, ahí se ubican la iglesia de San Pablo, San Gil Abad, San Miguel de los Navarros y el cimborrio de la Catedral de San salvador, las recorrimos todas, ella sabia casi de memoria sobre el arte mudéjar, que es el arte fruto de la armónica unión de los elementos musulmanes y occidentales.
No paramos esos días de visitar lugares, fuimos a los palacios de La Tonja, de Don Lope, de los condes de Morata, y de Sástago; todos monumentos que reflejan la etapa medieval y palaciega de la ciudad durante el siglo XVI y que sin duda se han convertido en lugares inolvidables para mí. Lo neoclásico lo recorrimos en el Palacio de los Condes de Gabarda y en iglesias como de la Santa Cruz y la de San Fernando de Torrero. Yo andaba complacido por la riqueza histórica de Zaragoza y por las sonrisas que Alejandra descosía sobre cada palabra. Me encantaba.
Fueron tres días y partió. No la pude seguir. Se despidió en un abrazo y siento que se llevó parte de mi alegría, no pierdo las esperanzas de verla otra vez, de todas maneras ambos vivimos de viajes y recuerdos. No me olvide Alejandra, seguiré soltero y Zaragoza volverá a mis recuerdos por muchos días, Alejandra, ignoro si era el clima pero esos días: me hacías fiebre, me quemaba.

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Comentarios(3) »
esa Alejandra se las treeee!!!
Zaragoza.Alli estudió Desideria y su pasión la llevó x caminos turcos, quizás sí hace fiebre y queme. No se olvide de alejandra, ni de zaragoza.
!y esa alejandra debe conocerse medio mundo!..que suerte