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La Playa Escondida

ilona @ 20:10

En realidad no soy muy fanático de realizar viajes a la playa, especialmente durante los meses de verano. No importa que tan lejos viaje uno, siempre se encontrará con multitudes, poco espacio y demasiada incomodidad. A través de los años siempre me he resistido cuando familia y amigos me han invitado a unirme a ellos en algún viaje a la playa, sin importar casi el lugar de destino. Es por eso que me llamó naturalmente la atención cuando un compañero de la universidad me comentó sobre una “playa escondida” a la que solo se podía acceder bordeando los acantilados y esquivando una instalación militar que se encontraba en las cercanías. Acordamos una fecha con los amigos y emprendimos viaje.

Obviamente, una playa que ofreciese privacidad no nos iba a quedar cerca. El viaje empezó tomando un bus que nos aproximara a la carretera. Nos reunimos en mi casa a golpe de 6 de la mañana, tomamos un desayuno ligero y salimos a tomar el bus hacia la carretera. Llegamos allí y la oferta de buses que nos llevarían a nuestro destino final se amplió. Como íbamos cargados con diversos accesorios para nuestro día al sol, optamos por esperar un vehículo moderno y cómodo que nos ofreciese el suficiente espacio para tener confort y velocidad. Llegó un vehiculo moderno y espacioso y nos subimos a el. Iba a la mitad de su capacidad por lo temprano de la hora, así que pudimos ponernos sumamente cómodos y colocar todos nuestros bultos a nuestro costado. El recorrido del viaje por carretera fue extremadamente pintoresco ya que a ambos lados de la misma se sucedieron zonas industriales, granjas y plantaciones lo que nos dio un elemento de relax y tema de conversación para el trayecto.

Llegamos al paradero destino, en un pueblito. Desgraciadamente la playa quedaba aun a cierta distancia. Recorrimos el pueblito, compramos algunas provisiones de último minuto y emprendimos viaje. Trepamos un cerro que bordeaba el pueblito y vimos que la playa quedaba a unos tres cerritos de distancia. Caminamos bajo el sol, tomándonos fotografías en los acantilados con los bellos paisajes que nos rodeaban. Jorge se empecinaba en tomarse fotos “extremas” al borde de los acantilados, con los precipicios a la vista. Después de un arduo viaje, llegamos al último acantilado desde el cual se divisaba ya la playa prometida. El último acantilado limitaba con una instalación militar donde se realizaban prácticas de tiro, así que mientras nos colocábamos en posición de descender tuvimos que soportar el sonido de las prácticas cada vez más cercano.

Luego de descender, nos instalamos con nuestras sombrillas, toallas y portaviandas. Nos quedamos asombrados al descubrir ante nosotros un paisaje paradisíaco y ni una sola persona en los alrededores salvo nuestro grupo. Huelga decir que pasamos un día extraordinario como dueños absolutos de esa playa hermosa, escondida y, al menos por ese día, nuestra. Hoy el grupo de amigos no se frecuenta como en esos años, pero cada vez que nos reunimos recordamos aquellos momentos de nuestros viajes a la playa escondida.

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