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Archivo: Diciembre 2007

Febril Zaragoza en el recuerdo

ilona 21/12/2007 @ 16:02

Y es que por el mundo ando regando amigos como recuerdos legados por cada viaje. Los amigos son importantes, siempre lo he pensado y en cada aventura he sabido hacerme de unos cuantos, siempre. Hace unos días traje a la memoria a una de las más entrañables cómplices de huida, Alejandra, la referencia era a unos años atrás y sin esperarlo me la volví a encontrar hace unos días. Una sorpresa. Fue en Zaragoza y aunque sólo la vi unos días, bastó para justificar mis ganas locas de dejarlo todo y seguirla en su travesía. Viajar con ella por toda España se me hizo apremiante.

Viajé de visita a una tía que andaba un poco enferma y porque Zaragoza es una de las ciudades que más disfruto visitar. La capital del Reino de Aragón y ciudad del Valle del Ebro tiene un clima mediterráneo por lo que sus tierras tienden a ser áridas y el calor a veces sofocante, esta ubicada a unos 200 metros sobre el nivel del mar y es conocida como la “ciudad de las cuatro culturas” por la influencia cultural dejada por sus antiguos moradores: iberos, musulmanes, judíos y cristianos, todo eso agregado a las distintas etapas artísticas de Aragón la hacen una ciudad más que deliciosa para visitar.

A Alejandra me la encontré a la salida del museo del Puerto Fluvial, uno de los museos más interesantes cuando se quiere conocer la influencia romana sobre Aragón, a diferencia de la última vez fui yo quien la reconoció de inmediato, andaba ella saliendo a punto de tomar el taxi cuando sin pensarlo la tomé del brazo, sorprendida me reconoció y nos abrazamos. Llevaba afiches de agencias de viaje y promociones. Estaba preciosa, llena de vida y no dejaba de regalarme sonrisas, después de todo así era ella, vivía para viajar y sonreír. Vivía para la vida.

Cuando la conocí en Perú no tarde en quedar atónito con su efervescente ritmo, todo el tiempo se la pasaba planeando sus viajes, tenia estudios de historia del Arte y soñaba con visitar España, eso ya lo conté, ese día al vernos me arrastró al taxi rumbo a las torres de las iglesias gótico-mudéjares, ahí se ubican la iglesia de San Pablo, San Gil Abad, San Miguel de los Navarros y el cimborrio de la Catedral de San salvador, las recorrimos todas, ella sabia casi de memoria sobre el arte mudéjar, que es el arte fruto de la armónica unión de los elementos musulmanes y occidentales.

No paramos esos días de visitar lugares, fuimos a los palacios de La Tonja, de Don Lope, de los condes de Morata, y de Sástago; todos monumentos que reflejan la etapa medieval y palaciega de la ciudad durante el siglo XVI y que sin duda se han convertido en lugares inolvidables para mí. Lo neoclásico lo recorrimos en el Palacio de los Condes de Gabarda y en iglesias como de la Santa Cruz y la de San Fernando de Torrero. Yo andaba complacido por la riqueza histórica de Zaragoza y por las sonrisas que Alejandra descosía sobre cada palabra. Me encantaba.
Fueron tres días y partió. No la pude seguir. Se despidió en un abrazo y siento que se llevó parte de mi alegría, no pierdo las esperanzas de verla otra vez, de todas maneras ambos vivimos de viajes y recuerdos. No me olvide Alejandra, seguiré soltero y Zaragoza volverá a mis recuerdos por muchos días, Alejandra, ignoro si era el clima pero esos días: me hacías fiebre, me quemaba.

Viajera inolvidable de Almería

ilona 19/12/2007 @ 18:12

A veces pensar que la vida es corta nos incentiva a preciar las pequeñeces, nos ilusiona sabernos emocionados por los detalles. Pensé esto sin querer esta mañana. Una vez tuve un pésimo día de trabajo, todo salió mal, hubo errores de cuentas, demoras y cancelación de reuniones. Fue increíble aceptar que fuese un día tan malo, así que preferí dejar el auto y regresar caminando, al menos una cierta distancia que sea capaz de aligerar mi sobrecargado mal humor.

Así, a unas cuantas pisadas de mi curativa caminata por las calles de Almería, tropecé con una antigua amiga, Alejandra, no la veía desde hace unos años cuando regresé a residir en España. A ella la había conocido en un veraneo por Sudamérica en mis tiempos de asiduo viajero y entusiasmado conocedor de las culturas hispanas. Esa tarde, Alejandra fue quien me reconoció, yo tardé un poco en percatarme de su presencia, pero una vez caído en cuenta ya de quien andaba en frente, no perdí la oportunidad para invitarla a recordar viejos tiempos, bien estimulados por la ausente sobriedad de unas copas.

La invite a un bar cerca de la Puerta de Purchena, el centro vital de la ciudad de Almería, una ciudad apacible y de pequeñas casas de una o varias plantas como la mayoría de las casas de por ahí, donde la proyección urbana es casi horizontal, razón por la que cualquier visitante no tarda en destacar siempre con sorpresa, ese encantador aspecto rural conferido siempre a la ciudad, comentario que ella también me lo susurró con timidez empezada la primera copa.

Durante dos años residí en Almería, vivía cerca del centro económico y comercial, la Puerta de Purchena, donde también trabajaba. En la ciudad las principales funciones son las de corte administrativo, mientras que la industrial esta casi ausente, solo algo de construcción ferroviaria, reparaciones y algo de conservas de pescado sobresale. Es una ciudad muy hermosa. Alejandra me contaba desde que la conocí su afán por vivir en España, las inmensas esperanzas que residían en ella de vivir en un país con tantas oportunidades, con tanta vida en sus calles, en su arte, en su bohemia y en su cultura. Los tres meses que anduve con ella siempre me recordaba sus laberintosos intentos por conseguir venirse a España, y parece que finalmente lo logró. Era siempre entusiasta, sonriente y me decía de España las mil maravillas, agregando que era una viajera insaciable. Entre copas me contó que pudo finalmente conseguir venirse y no paró hasta recorrerse medio España, eligió residir en Almería por su belleza artística influenciada por la cultura musulmana, me contó de sus visitas a la iglesia de San Juan, construida sobre la antigua mezquita mayor del siglo XI en tiempos de los Reyes Católicos, también su peregrinaje a la Alcazaba musulmana que data del siglo X y que consta como uno de los restos mas antiguos de la ciudad. Cada vez que hablaba parecía querer contagiar su vertiginoso entusiasmo por los ojos. Estuvimos conversando unas horas, al día siguiente salía temprano al Golfo de Almería. Nunca andaba de mal humor, era de esas personas eternamente entusiasmadas con la vida. Era una mujer nacida para la aventura, para la vida y quizás, también para España.