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Archivo: Agosto 2007

Un invierno con mi padre

ilona 31/08/2007 @ 22:41

Recuerdo de los inviernos, la taza de chocolate que mi padre preparaba, era lo único que le salía bien. A pesar de sus constantes esfuerzos en la cocina, era un terrible cocinero. Mi madre que en ese entonces estaba enferma no se quejaba, me decía”tu padre hace lo que puede”.
Siempre al regresar del trabajo él me traía algún regalo. “Eres demasiado consentidor”, le decía mi madre siempre con una sonrisa, una sonrisa sincera que no se dejaba opacar por la resequedad de sus labios. Todavía recuerdo esa escena como si fuera ayer. Fue la última vez que vi a mamá sonreír, al cabo de unos meses murió. Me costó bastante recuperarme, pero lo logré. Papá estaba a mi lado. Crecí y me mude. Lo visitaba con frecuencia, él con la edad se deprimió más. Había días enteros que pasaba viendo el retrato de mi madre.

Ahora que ya terminé la universidad, quiero devolverle todos los cuidados que me brindó. Por eso, al salir del trabajo compré dos boletos de avión hacia los Alpes Suizos. “Papi nos vamos a Suiza”. Mi padre me miró confundido, de niña me contaba cuanto le gustaba esquiar, por fin íbamos hacerlo juntos. Mi padre es una persona joven y fuerte, que gusta de viajar. Pero que por la enfermedad de mi madre tuvo que hacerlo a un lado. Cuando lo comprendió, sus ojos se llenaron de alegría. “Vamos, tengo que desempolvar mis esquís”, sonrió.

Fuimos al aeropuerto en taxi, nuestro destino era Leukerband. Que a pesar de no ser la mayor estación para esquiar en Suiza, te ofrece pistas de 50Km para disfrutar.

Abordamos el avión que nos lleva a la ciudad Ginebra. Llegamos al aeropuerto de la ciudad a las 15h 30. De allí nos dirigimos directamente al pueblo de L’Abbaye. Mi padre me enseña el itinerario que habíamos planeado. Teníamos que trasladarnos a una estación que esta a 1000m de altura, ubicado en el valle de Joux. Una acuarela de lagos, pastos y bosques. Era de tarde cuando llegamos, así que acordamos salir a conocer el lugar. Mi padre tomo unas raquetas de nieve, nos las pusimos y salimos a caminar. En el camino nos encontramos con un grupo que estaba haciendo una excursión acompañados de guías. Los seguimos, no queríamos perdernos o dejar de conocer cada detalle del valle.

Estuvimos cerca de dos horas, recorriendo aquel sendero invernal. Lo bueno del lugar es que se goza de un ambiente tranquilo, lejos del turismo de masas.

Después de la corta caminata, fuimos a comer algo. Nos entretuvimos conversando de su infancia y la mía, y nos marchamos al hotel. Mañana teníamos más por conocer.

El segundo día en Suiza lo dedicamos al senderismo. Subimos a una de las cimas de la zona, desde donde apreciamos los Alpes Suizos, lo Alpes Franceses, el lago de Ginebra y el Jura Francés. Aprovechamos para tomar fotografías del maravilloso panorama. Al bajar lo hacemos cada uno en un trineo. Estar al lado de mi padre, me hizo recordar uno de los juegos del parque de diversiones al que nos subimos, esta experiencia era mucho mejor. Sentir como el aire frío roza tu piel y como la adrenalina recorre tu cuerpo, es lo máximo. Al regresar de la cima, comemos algo ligero queremos seguir con la caminata. Pasadas unas horas, nos ponemos de nuevo las raquetas y nos vamos al lago. Nos avisaron que éste estaba completamente helado y que deberíamos aprovechar en caminar por él. Al llegar al lago caminamos con cuidado y nos tomamos algunas fotografías. El cielo estaba oscureciendo y optamos por regresar. Por la noche, al terminar la cena, salimos a pasear iluminados por la luna y una pequeña lámpara que mi padre trajo entre sus cosas.

Al tercer día, dejamos las raquetas de lado y nos ponemos nuestros esquís. Dedicaremos todo el día aun paseo en esquís por el nevado. Más fotos, más diversión, más lugares hermosos. Después de un extenuante día de descubrimientos de paisajes nevados, nos quedamos en nuestras habitaciones a descansar. Mañana tendríamos que abordar el avión que nos llevaría de regreso.

Es de mañana, pasamos casi la mitad de la mañana alistando las maletas. A las 12h 30, le decimos adiós a esta bellísima región. Llegamos al aeropuerto de Ginebra. Subimos al avión, ya estamos otra vez en casa. Dejamos las maletas en la sala. Mi padre va a la cocina un momento.”Toma”. Me da una taza de chocolate caliente.

Unas vacaciones junto al mar

ilona 30/08/2007 @ 22:54

Sólo tengo dos días libres para elegir un lugar donde pasar este delicioso verano. Muchas personas detestan esta estación del año. “El sol te da cáncer a la piel”, “¡Que horrible! no dejas de sudar”, “las oficinas son infierno”, “en la playa te llenas de arena, “el mar esta contaminado”, son algunas de las frases que escuchas a diario. Sin embargo, a mi me encanta el mar y que mejor época que el verano para disfrutarlo. Algunos prefieren ir a la playa en invierno y caminar. Pero a mi me encanta caminar en la tarde por la playa, con el sol acompañándome hasta verlo ser devorado por aquellas aguas sin fin. Atribuyo mi gusto por el mar a mi signo, soy libra y mi elemento es el agua, bueno eso es lo que dicen. Está decidido, una playa del mundo es mi destino, ahí voy.

Manos a la obra. Primero elegir el lugar. Viendo algunas revistas de viaje me llama la atención un lugar “Haga turismo en Cancún”, se titula el artículo. Lo leo por completo y quedo fascinada, tiene todo lo necesario para divertirme estos dos días. Mi misión es divertirme sin parar y la llamo: ¿Cómo visitar Cancún en dos días y no dejar de divertirme en el intento?

Luego de un viaje no muy prolongado, llego a uno de los lugares más famosos por sus increíbles playas pertenecientes al mar Caribe. En el aeropuerto a un mar de personas, todos vestidos con shorts cortos y sandalias. Al salir de allí tomo un taxi, le pido me lleve al hotel que en la revista recomendaban. “Viene hacer turismo”, me pregunta el taxista. Sí. “Va a quedar encantada con nuestras playas”.

El sol en Cancún brilla en todo su esplendor. Bajo del auto, le agradezco al taxista, por todas las recomendaciones que me dio para pasarla bien en mi corta estancia. En hotel me atiende una amable señorita “la 208 y me da una llave”. Subo por el ascensor, no me preocupo en arreglar mis cosas, tengo poco tiempo. Me ducho, siempre es bueno después de un viaje, y pongo mi ropa de baño. Salgo del hotel con la revista en la mano, ella será mi guía. Son muchas y variadas las actividades que puedes realizar en Cancún y todas ligadas al mar. Estoy muy emocionada.

Mi primera actividad a escoger son los deportes acuáticos. Me animo por el parasailing. Un muchacho se encarga de colocarme un paracaídas, me explica como es la dinámica de este deporte y pone en marcha la lancha. Siento como el viento y la brisa marina van acariciando mi cuerpo mientras me elevo. La vista desde aquí es maravillosa. ¡Este deporte es más emocionante de lo que creen!, le digo al muchacho. Luego de haber experimentado ese estado. Alquilo una moto acuática y recorro la tranquila laguna de Nichupté. Lo bueno del lugar es que los distintos hoteles localizados alrededor de las playas te prestan el servicio de alquiler de motos, lanchas, veleros y cualquier equipo de los deportes que aquí se practican. Dejando atrás mi paseo en moto, aprovecho que me hice amiga de unas chicas y nos vamos juntas a esnorquelear al Parque Natural Garrafón en Isla Mujeres. Sus aguas cristalinas con hermosos arracifes de cuatro metros de profundidad, nos permiten disfrutar de la variedad de peces exóticos y de las formaciones coralinas. Esta visita a la isla me ha dejado impresionada, además de sosegar mi espíritu. Me despido de mis nuevas amigas, en la noche hemos quedado de vernos, para gozar de la vida nocturna que te ofrece Cancún.

Es casi hora de almuerzo, busco un lugar donde comer. Encuentro uno, ordeno uno de los platos del menú. Mientras espero, voy disfrutando de la vista de las playas. Terminando de saborear el delicioso almuerzo marino, me dirijo a una de las playas a descansar y seguir planeando mi viaje. Para aquellos que no les gusta improvisar, una variedad de botes navegan por las aguas de Cancún ofreciendo alguno de ellos, paseos a parques ecológicos, desayuno, comida y un recorrido para comprar recuerdos.

Después de un merecido descanso y una exposición de mi piel al sol, siempre cuidándome, recojo mis cosas y voy camino al acuario interactivo. Me gustan los delfines y aquí tú puedes nadar junto a ellos. Llegue al estanque donde se encuentran estas hermosas criaturas, el encargado me indicó que me colocara el chaleco. Listo a nadar. Es una experiencia encantadora y muy divertida. Se los recomiendo. Los encargados del estanque me dicen que hay otra sección en donde se da de comer a tiburones y si yo lo quería intentar. Pregunto si no es muy peligroso. Ellos explican que es muy seguro, ya que nos encierran en una jaula junto a un buzo experto, con todo el equipo necesario. Dos chicos de mi grupo y yo nos decidimos. Admito que estoy un poco nerviosa, entro a la jaula y comienzo a descender. Estando en el agua la sensación es distinta, el buzo me guía y alimento a los tiburones sin problemas. Al salir del agua me despedido de los encargados del acuario. Ya está apunto de anochecer, mejor voy al hotel a darme un ducha y prepararme para más tarde.

Llega la noche y con un grupo de mis amigas salimos a disfrutar de los bares, discotecas que ofrecen una variedad de música: reggae, salsa, rock, de todo. Nos decidimos por una disco o antro que tiene efectos especiales, rayos láser y un juego de luces estupendo. Los tragos exóticos del lugar son riquísimos, no puedes dejar de probarlos.

Abro los ojos ya amaneció, estoy en el hotel cansadísima. El hambre me mata, ya pasó la hora del desayuno. Bajo al restaurante del hotel y almuerzo un energizante almuerzo, lo necesito. Me tomo un momento para decidir cual sería mi último lugar por recorrer. No puedo irme sin conocer la zona arqueológica del lugar, pienso. Visito las ruinas Mayas, fascinada por el imponente destino turístico que representa el lugar. Pronto se hace de tarde. Tengo que regresar al hotel, sino perderé mi avión. Estando en el hotel acomodo las cosas en las maletas y me voy de Cancún, contenta de haber cumplido mi misión. Abordo el avión y ya estoy de nuevo en casa.

Haciendo turismo en Albarracín

ilona 29/08/2007 @ 18:59

Si llega el fin de semana y todavía no tienes planes. Quieres hacer algo diferente. Estás decidido a salir de la rutina diaria .Pero no sabes a donde ir. La comarca de Albarracín te envolverá en un viaje único. Sólo hace falta llevar un pequeño maletín, objetos indispensables. Este bello lugar dotado de una rica cultura, con una historia impresionante y una variedad de museos, es tu mejor alternativa.A continuación te cuento el inolvidable viaje que experimente, con un grupo de mis amigos.

Luego de un viaje tranquilo en coche, donde apreciamos un paisaje cubierto de un manto verde acompañado de pinos, sabinas, arce y robles, que nos auguran un viaje inolvidable. Llegamos a la cuidad de Albarracín, impresionante pueblo español que en 1961 fue reconocida como Monumento Nacional. Quedamos maravillados con sus edificios que muestran una exquisita arquitectura y un pasado que nos recuerda a la época medieval. Es imposible no ser cautivados por estas edificaciones que datan desde tanto tiempo atrás: el castillo árabe, las murallas, casas, balcones, palacios, calles estrechas. Después de deleitar nuestras miradas con el patrimonio cultural que representa la cuidad. Pasamos a hacer un riguroso y enriquecedor recorrido, para no perder ningún detalle, no podemos dejar pasar por alto los atractivos que nos frece la comarca.

El pueblo de Albarracín es todo una serranía compuesto por valles verdes y árboles que los adornan, respirar el aire fresco y limpio que la naturaleza nos brida es purificador. Decidimos caminar colina arriba, lo empinado de la cuidad se debe a que se encuentra sobre una prominencia rocosa. Nuestro recorrido nos lleva al primer punto conocido como el Casco Urbano, una ciudadela amurallada, con callejuelas en desnivel y casas de arquitectura popular. Su plaza principal es lugar que da origen a los tres más importantes puntos de la zona: el barrio, la cuidad y el arrabal.

Luego de conocer la historia y apreciar las construcciones de este lugar estratégico, seguimos la caminata por las diferentes calles que nos conducen a edificaciones de estilo popular, donde el diseño compuesto por portales en la planta baja y pequeños detalles, brindad un ambiente acogedor. La Casa consistorial es un ejemplo de este tipo de construcciones. Este estilo de casas nos sigue por parte del recorrido. Sin embargo, nos detiene un momento los pequeños palacios. Destacando a simple vista el Episcopal, el de Navarro y Azuriaga y la Casa de la Comunidad.

Después de un respectivo descanso comenzamos de nuevo nuestro recorrido dirigiéndonos a la Catedral del Salvador, que destaca de los demás edificaciones por la elevada torre de donde se puede apreciar la ciudad en su totalidad. Siendo casi la hora del almuerzo, el hambre apremia. Preguntamos a los pobladores del lugar por algún restaurante, muy amablemente nos muestran uno. ¡Por fin, me muero de hambre! Al ver el menú, los tantos platos exquisitos y representativos del lugar, nos tienen indecisos. ¡Listo a ordenar!, algunos se deciden por el cordero a la pastora y otros por una trucha. Sin embargo, todos coincidimos en pedir unas deliciosas almohábanas de Ben Razin como postre.

Terminando de saborear la rica comida casera, comentamos sobre los museos y la diversidad temática que poseen y que nos faltan visitar. Dejamos atrás la hora del almuerzo, y damos paso a nuestra visita a los museos del lugar. Primero nos divertimos conociendo el Museo de Juguetes, que tienes una muestra de variados juguetes de la época de nuestros abuelos. Luego de esta experiencia, visitamos el Museo de la Cuidad, que posee muestras del arte islámico. Cuando salimos del lugar, vemos en el cielo los primeros indicios de que la noche está cerca. Mochila en hombros nos disponemos a buscar alojamiento. Un hotel con vista a la ciudad es nuestra elección. No hemos traído carpa, y el pasar una noche en contacto con la naturaleza, será para la próxima visita.

A la mañana siguiente, nos levantamos temprano para contemplar el alba. Tomamos una ducha y nos vestimos para ir en busca de un delicioso y energizante desayuno. Todavía nos quedan lugares por recorrer. Caminando por los senderos de esta serranía. Uno de mis compañeros, amante de los deportes de montaña, decide aventurarse en una de las zonas. El clima caluroso del lugar, nos motiva a unirnos a él.

Vemos nuestros relojes, el paseo debe llegar a su fin. Mañana volveremos al caos y la rutina del día a día.