Un invierno con mi padre
Recuerdo de los inviernos, la taza de chocolate que mi padre preparaba, era lo único que le salía bien. A pesar de sus constantes esfuerzos en la cocina, era un terrible cocinero. Mi madre que en ese entonces estaba enferma no se quejaba, me decía”tu padre hace lo que puede”.
Siempre al regresar del trabajo él me traía algún regalo. “Eres demasiado consentidor”, le decía mi madre siempre con una sonrisa, una sonrisa sincera que no se dejaba opacar por la resequedad de sus labios. Todavía recuerdo esa escena como si fuera ayer. Fue la última vez que vi a mamá sonreír, al cabo de unos meses murió. Me costó bastante recuperarme, pero lo logré. Papá estaba a mi lado. Crecí y me mude. Lo visitaba con frecuencia, él con la edad se deprimió más. Había días enteros que pasaba viendo el retrato de mi madre.
Ahora que ya terminé la universidad, quiero devolverle todos los cuidados que me brindó. Por eso, al salir del trabajo compré dos boletos de avión hacia los Alpes Suizos. “Papi nos vamos a Suiza”. Mi padre me miró confundido, de niña me contaba cuanto le gustaba esquiar, por fin íbamos hacerlo juntos. Mi padre es una persona joven y fuerte, que gusta de viajar. Pero que por la enfermedad de mi madre tuvo que hacerlo a un lado. Cuando lo comprendió, sus ojos se llenaron de alegría. “Vamos, tengo que desempolvar mis esquís”, sonrió.
Fuimos al aeropuerto en taxi, nuestro destino era Leukerband. Que a pesar de no ser la mayor estación para esquiar en Suiza, te ofrece pistas de 50Km para disfrutar.
Abordamos el avión que nos lleva a la ciudad Ginebra. Llegamos al aeropuerto de la ciudad a las 15h 30. De allí nos dirigimos directamente al pueblo de L’Abbaye. Mi padre me enseña el itinerario que habíamos planeado. Teníamos que trasladarnos a una estación que esta a 1000m de altura, ubicado en el valle de Joux. Una acuarela de lagos, pastos y bosques. Era de tarde cuando llegamos, así que acordamos salir a conocer el lugar. Mi padre tomo unas raquetas de nieve, nos las pusimos y salimos a caminar. En el camino nos encontramos con un grupo que estaba haciendo una excursión acompañados de guías. Los seguimos, no queríamos perdernos o dejar de conocer cada detalle del valle.
Estuvimos cerca de dos horas, recorriendo aquel sendero invernal. Lo bueno del lugar es que se goza de un ambiente tranquilo, lejos del turismo de masas.
Después de la corta caminata, fuimos a comer algo. Nos entretuvimos conversando de su infancia y la mía, y nos marchamos al hotel. Mañana teníamos más por conocer.
El segundo día en Suiza lo dedicamos al senderismo. Subimos a una de las cimas de la zona, desde donde apreciamos los Alpes Suizos, lo Alpes Franceses, el lago de Ginebra y el Jura Francés. Aprovechamos para tomar fotografías del maravilloso panorama. Al bajar lo hacemos cada uno en un trineo. Estar al lado de mi padre, me hizo recordar uno de los juegos del parque de diversiones al que nos subimos, esta experiencia era mucho mejor. Sentir como el aire frío roza tu piel y como la adrenalina recorre tu cuerpo, es lo máximo. Al regresar de la cima, comemos algo ligero queremos seguir con la caminata. Pasadas unas horas, nos ponemos de nuevo las raquetas y nos vamos al lago. Nos avisaron que éste estaba completamente helado y que deberíamos aprovechar en caminar por él. Al llegar al lago caminamos con cuidado y nos tomamos algunas fotografías. El cielo estaba oscureciendo y optamos por regresar. Por la noche, al terminar la cena, salimos a pasear iluminados por la luna y una pequeña lámpara que mi padre trajo entre sus cosas.
Al tercer día, dejamos las raquetas de lado y nos ponemos nuestros esquís. Dedicaremos todo el día aun paseo en esquís por el nevado. Más fotos, más diversión, más lugares hermosos. Después de un extenuante día de descubrimientos de paisajes nevados, nos quedamos en nuestras habitaciones a descansar. Mañana tendríamos que abordar el avión que nos llevaría de regreso.
Es de mañana, pasamos casi la mitad de la mañana alistando las maletas. A las 12h 30, le decimos adiós a esta bellísima región. Llegamos al aeropuerto de Ginebra. Subimos al avión, ya estamos otra vez en casa. Dejamos las maletas en la sala. Mi padre va a la cocina un momento.”Toma”. Me da una taza de chocolate caliente.

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